Saltar al contenido
Alialdea

Calendas de mayo

02/05/2019

Parece mentira que estemos tan adelantados ya, en el mes de mayo. En la mentalidad popular mayo era sinónimo de la llegada definitiva de la primavera (o el verano), y para celebrarlo la gente salía del letargo invernal celebrando la condición festiva del ser humano. La fiesta del 30 de abril al primero de mayo fue celebrada en toda Europa: la latina y la germánica, la celta y la eslava; una festividad recurrente, conocida por distintos nombres y rituales. Siempre me ha fascinado cómo en pueblos, a veces muy alejados entre sí geográfica y culturalmente, había coincidencia a la hora de manifestar determinados aspectos de la vida, que en el pasado era tanto como decir aspectos de la propia naturaleza, de los ciclos que colectivamente vivía la comunidad.

Pondremos algunos ejemplos. En el área céltica europea se halla el Beltane o Beltaine (‘Buen fuego’ en gaélico irlandés)(1) que, pese a haber sufrido un proceso de reconstrucción ideal considerable, se ha seguido celebrando en Irlanda, Escocia e Inglaterra. El fuego al que se refiere esta fiesta tiene su origen en las hogueras por cuyas proximidades se hacía pasar a los ganados (Blantyre, 1908, 10-11) que iniciaban su trashumancia desde los pastos de invierno a los de verano (Anaher, 1972: 86-87). Un rito de protección contra los malos espíritus, identificados con duendes y otros seres de la mitología céltica, que podrían perjudicar a los bienes semovientes, base de la economía rural. Este mismo rito se llevaba a cabo, por ejemplo, en el pueblo en el que escribo, se llevaba a cabo en San Antón (17 de enero), otra fecha clave de preludio de la primavera.

El fuego como elemento purificador es parte de numerosos rituales a lo largo del año.

Algo parecido ocurriría con el Walpurgis germánico (fiesta de Santa Walpurgis) que, lejos de ser en origen la Noche de las Brujas, como se ha popularizado en la actualidad, tenía el sentido opuesto, de la realización de rituales de fuego para la protección de los bienes domésticos, incluidos los animales, en el delicado tránsito del invierno al verano. La acción de las brujas (y otros seres reales o imaginarios) era precisamente lo que se trataba de evitar. Hay que tener en cuenta que, según los calendarios tradicionales, nos encontramos en el momento opuesto al 31 de octubre, y en ambos el mundo visible y el Más Allá se sentían tan próximos que algún habitante del otro lado podía aparecer en este (Blantyre, 1908, 10-11). De ahí que durante miles de años se hallaran rituales que trataran de conjurar estas presencias. Las supuestas celebraciones de brujas, tal vez, serían las pervivencias de aquellos rituales no asimilados. Hay que recordar las deidades antiguas suelen pasar a ser, bien santos, bien demonios, cuando se sustituyen por la nueva religión cristiana. Los rituales antiguos, pasan a ser fiestas religiosas o ritos demoniacos.

Caro Baroja, Julio. Las Brujas y su mundo (Ed. 2015)

Al respecto de que esta es una fiesta relacionada con la ganadería, hay que recordar que aquí, en España, la llegada de los ganados trashumantes desde los invernaderos a los agostaderos, desde las dehesas meridionales andaluzas, manchegas y extremeñas a las sierras (Cuenca, Soria, Segovia, León), también se producía por estas fechas, semana arriba, semana abajo. Por lo que la división anual en dos grandes estaciones (invierno-verano) que se dio también en otros puntos de Europa, parece seguir un marcado ciclo ganadero. Así, es habitual decir que en Irlanda, por ejemplo, solo existían tradicionalmente dos estaciones, cuyos colores estarían representados por el naranja y el negro, verano e invierno, respectivamente.

Sin embargo, también la tradición popular hispánica reducía a dos los periodos del año: el verano-primavera-agosto, y el invierno. En las sierras esta división se mantiene en refranes que resumen el año en nueve meses de invierno y tres de infierno. Estamos, como decimos, en una de las dos cesuras del año tradicional, el paso del invierno al verano se daría ahora, del 30 de abril al 1 de mayo (o fechas próximas); el paso del verano al invierno tendría lugar del 31 de octubre al 1 de noviembre (o fechas próximas).

El otro tema sobre el que descansan estas fiestas del primero de mayo es la fertilidad. No es de extrañar pues que muchos de los rituales que se encuentran en el acervo cultural europeo tengan este tema de fondo, desde las canciones y sorteos de mayas, que se encuentran en casi toda la geografía española, a las plantadas de los mayos.  Nos interesa tener en cuenta que estas fiestas proceden de tradiciones (¿precristianas?) en las que se daban emparejamientos de jóvenes por un día en los que cabía, al parecer, el acto carnal (Ferguson, 1996: 116). Estos emparejamientos eran una prueba, un tanteo, que en ocasiones acababan en la unión formal, reglada, de la pareja.

Cuadros como este de de Sandro Botticelli, titulado La Primavera (1477-1482) estuvieron inspirados, desde luego, en la cultura clásica, pero acaso también en tradiciones populares que celebraban la llegada de mayo y tenían los bosques como escenario.

Estas costumbres se modulan con la llegada del cristianismo en todas las altitudes y latitudes donde se llevaban practicado desde tiempo inmemorial. Sin embargo, la costumbre no pudo ser del todo desterrada, y se asimiló de un modo quizá menos irreverente, desde el punto de vista de la moral cristiana. En todo caso, se siguió practicando, de forma simbólica (o no), el emparejamiento de solteros y solteras, y así todavía a finales del siglo XVI, en la diócesis de Sigüenza, se está prohibiendo la costumbre de emparejar hombres y mujeres:

“Otrosí, porque todo nuestro cuidado está puesto en quitar pecados y ocasiones dellos, y habemos entendido que se ofende a nuestro Señor en muchas partes, por no haberse prohibido lo que en ellas se hace, los días primeros de mayo, de señalarse hombres y mujeres por mayos y mayas, mandamos que en estos días ni en otros ningunos en la iglesia ni en otro lugar prophano se haga el tal nombramiento de esposos y esposas, y mayos y mayas, por señas ni por palabras, ni de otra ninguna manera, so pena de excomunión mayor qualquiera que lo contrario hiciere, y mandamos a los curas que los denuncien”. (1)

Hallamos aquí una costumbre antiquísima que parecía basarse en el “nombramiento” de hombres y mujeres, mayos y mayas, (acaso una manera de hablar de un rito de emparejamiento), que parecía darse en las iglesias, tal vez por haber parecido en algún momento histórico un modo de asimilar, de reglar, de suavizar, la costumbre por parte de las autoridades eclesiásticas, siendo esta última orden, no obstante, un intento de abolición final.

Con todo, es posible que no siempre se acabara del todo con estos actos, visiblemente orientados a la perpetuación de las comunidades locales por medio de la reproducción. Es  posible, sin embargo, que estas costumbres  se modularan de tal modo que, en muchos casos, su desaparición llegó hace no tanto por otros motivos, como la despoblación y la consiguiente desintegración de las comunidades. Hasta tal punto esto ha sido así, que todavía hoy es posible asistir a estos emparejamientos por medio de sorteos y pujas (aparte de los conocidos mayos cantados por las calles), a los que aún hemos podido asistir en territorios como la Comunidad de Albarracín (Teruel).

Danza alrededor del mayo. Brueghel el Joven (c.1625)

Otro de los ritos de fecundidad que se encuentran en el folklore europeo y que se ha mantenido en España ha sido la de plantar el mayo. En el gesto de cortar un árbol, descortezarlo o al menos retirar de él la mayor parte de sus ramas, y dejar en él solo un penacho de hojas de la copa, se ha visto un sentido totémico, fálico (masculino), del mismo modo que su plantación en la Tierra (femenina) posee un claro significado de fecundación. De nuevo, no debería perderse de vista el sentido comunitario de este rito, llevado a cabo especialmente por los mozos varones (y a veces también las mujeres). Su escenificación habitual se da en la plaza del pueblo como espacio simbólico de primer orden en la semiótica popular.

Estos son algunos de los apuntes que me vienen a la cabeza a raíz de las fechas en las que nos hallamos. En otros años estos días están pasados por nieve todavía pero, en este, la Naturaleza nos ha bendecido con un precioso día de lluvia, con una temperatura muy agradable. Realmente todo resucita y el verdor que adquieren los campos y las haldas de los cerros de esta parte de la Celtiberia, habitualmente socarradas por los hielos, los vientos o por la inclemencia del sol, realmente invita a la celebración y permite explicar por qué este era uno de los momentos cumbre del año para los hombres y mujeres del pasado.

Notas:

(1) Aunque también se ha relacionado con Baal, dios del fuego, de la luz, en la mitología céltica. Así pues, el nombre Beltane podría significar también ‘el fuego de Baal’.

(2) Constituciones Sinodales del Obispado de Sigüenza, 1585, Título IV ’De consuetudine’, capítulos III y IV: fols. 33r-34r.

Bibliografía:

Anaher, Kevin. The year in Ireland: Irish calendar customs. Mercier, Dublín, 1972.

Blantyre Simpsom, Eve. Folk lore in lowland Scotland. London: J.M. Dent and Company, 1908.

Caro Baroja, Julio. La Estación del Amor. Fiestas populares de mayo a San Juan. Madrid: Círculo de Lectores, 1979.

Caro Baroja, Julio. Las brujas y su mundo. Madrid: Alianza Editorial, 2015.

Constituciones Synodales hechas por Fr. Lorenzo Figueroa y Córdoua, obispo y señor de Sigüença. Madrid: Casa de Francisco Sánchez, 1585.

Ferguson, Diana. Magickal year. York Beach (Meriland): Labyrint Book, 1996.

Compartir